2009年4月4日土曜日

El viejito de la jacaranda me recordó al janitor del edificio de la escuelita de Kyoto. A veces lo encontraba cuando yo tomaba el elevador, y como la mayoría de las veces iba con retraso, él siempre me animaba a seguir corriendo. Una de las últimas mañanas en las que llegaba patinando (ja!), él estaba ahí y me dijo 'Buenos días' muy sonriente como siempre. Pero esa vez también me dijo que esperara un poco, y me regaló un dulcecito japonés cuyo nombre no recuerdo. Me sentí muy feliz porque no regaló otros dulces ese día.

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