Autobus nocturno. No hay tanto espacio entre asientos como en el ADO (ja!) y tampoco hay WC, pero tuvimos dos descansos en estaciones de servicio. Chicas que hablan ignorando la petición del conductor de "guardar silencio". Parejitas y grupos de amigas, viajeros solitarios y madres e hijas. Estación de Shinjuku. Sigue lloviendo y todavía es muuuuuy temprano. Desayuno vegetariano y planeación. Entrar a la enmarañada red del metro. Visita al polémico templo de Yasukuni, con vigilantes que hacen reverencias frente a la entrada y otro que está pendiente de las acciones de todos los visitantes, que además les pide -a gritos- que no tomen fotos o que no hagan jogging en los alrededores. Todavía falta tiempo para ir a nuestro punto de encuentro. Caminar bajo el cielo nublado y entrar a un café. Regresar a Shinjuku, tomar la igualmente famosísima línea Yamanote. Los vagones son nuevos y pantallas de plasma transmiten anuncios. Esperar. Encontrar. Preparar. Salida a Akihabara. Había visto tantas fotos antes que ya no me sorprendía. Recorremos tiendas y ellos reciben flyers de las meido-kisa, para después ir a buscarlos (aunque al final ya no lo hicieron, ja). Caminar y caminar, policías en todos lados (remember Akihabara rampage hace unos días). Subimos 333 metros y puedo mirar claramente el paisaje de Ginza, Shinjuku y Odaiba... Cena en restaurante de chanko lleno de parafernalia de sumo. Lecciones de español y japonés 'as usual'. Regreso a 'casa', buen primer día (excepto por 'el incidente').
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